Sánchez Carrillo

Nuestra historia

Sánchez Carrillo no comienza con una marca.
Comienza con un acto de valentía.

Corria el año 1954, en Peñas Blancas -un pequeño pueblo de la provincia de Río Negro- donde José Sánchez Carrillo e Hilda Tossi dieron origen a algo mucho más grande que una bodega.

Él había llegado desde España, dejando atrás la guerra y en búsqueda de la paz que tanto ansiaba. Ella, desde Italia, trayendo consigo una nueva vida.

Se encontraron en Argentina. Y eligieron construir.

No solo levantaron su casa y una de las primeras bodegas de la región.

También fueron pioneros en lo esencial: las rutas, los canales de riego, el tendido eléctrico, el crecimiento de una comunidad.

Hilda, además, fue directora de la escuela del pueblo y jefa del registro civil. Oficio los matrimonios de casi todas las parejas del lugar.

Peñas Blancas no fue solo un lugar para vivir.

Fue un lugar para comenzar y crear.

Con el tiempo, la bodega evolucionó.

De estructuras de adobe a una elaboración cada vez más precisa.

el espíritu nunca cambió

Hacer vinos de calidad, con respeto por la tierra y por el tiempo.

Mientras el pueblo florecía, también lo hacía la bodega. Las tardes en el lo del “gallego”, entre vinos y jamón, eran parte de una vida simple, pero profundamente auténtica.

La segunda generación llevó esa visión aún más lejos.

Jorge Pedro Oscar Sánchez Carrillo modernizó la bodega, incorporó tecnología y elevó el nivel de los vinos hacia una expresión más elegante y compleja del terruño patagónico.

Sus etiquetas cruzaron fronteras. Obtuvieron reconocimientos internacionales. Abrieron mercados. Se convirtió en uno de los pioneros de la Patagonia y uno de los grandes referentes de su tiempo.

Jorge Pedro Oscar, aprendiendo los trabajos desde pequeño

Pero en 2005, por fuerza mayor, la bodega cerró sus puertas.

Ese legado quedó en pausa… hasta que encontró a quien estaba destinado a continuarlo.

Jorge Gabriel Sánchez Carrillo, tercera generación, apasionado y formado en empresas, astrofísica y derecho, emprendedor por naturaleza y profundamente marcado por su historia familiar, entendió algo fundamental:

lo valioso no se abandona. Se transforma.

Decidió retomar la bodega en 2012 no solo como proyecto,

sino como expresión de identidad a sus 21 años.

Hoy, bajo su dirección, Sánchez Carrillo renace con una visión ampliada.

A los viñedos históricos de Peñas Blancas se suman nuevos desarrollos en Mendoza, integrando dos grandes terruños argentinos en una misma filosofía.

Una bodega que mira al futuro, sin olvidar de dónde viene.

Sánchez Carrillo no es solo vino.

Es historia.

Es familia.

Es carácter.

Y es, sobre todo, una convicción: expresar con sensibilidad, precisión y respeto la belleza del lugar que nos dio origen.

Hoy, el camino es claro.

Construir una de las bodegas más reconocidas de la Argentina.
Operar con excelencia.
Y honrar, en cada botella,

la historia que nos trajo hasta acá.

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